Me da vueltas la cabeza si llamarle a mi hermano para contarle lo de la entrevista o esperar a tener algo seguro que celebrar; la última vez que le di una alegría fue cuando aprobé el carné de conducir y ya han pasado tres años. A veces pienso que le debo una llamada solo para saber cómo está su niña, pero me da pereza explicar otra vez que sigo en la misma tienda.