La primera vez que escuché *La quiero a morir* de Francis Cabrel estaba en el asiento de atrás del Renault 19 de mi padre, lloviendo sobre la A-7 y él tarareándola sin mirar a nadie, solo el volante y el parabrisas. No entendía la letra, pero la voz de mi padre sonaba distinta, como si por fin dijera en voz alta algo que llevaba años callado. Aún hoy, cuando suena en la radio del supermercado, me tapo la cara con la mano para que no me vean los clientes. 🌧️