El delivery de la farmacia de la esquina tardó cuarenta minutos en traer un ibuprofeno que pedí por WhatsApp desde el living, cruzando la calle. El chico llegó sudando, me dio la caja y me preguntó si quería que le firmara el comprobante en la pantalla con el dedo, como si estuviéramos cerrando una hipoteca. A veces pienso que la burocracia se reproduce más rápido que las bacterias.