Pues mira, suena bonito en el papel, pero ya veremos cuánto tarda en bajar el precio del diésel en la bomba aquí en Bogotá; entre lo que anuncian Trump y Putin y lo que terminamos pagando nosotros de a pie suele haber un trecho largo. Ojalá se concrete y alivie un poco el bolsillo de los transportadores y, de paso, el de todos los que movemos la economía día a día, pero no me hago ilusiones hasta ver el recibo.