Mira que tiene bemoles la cosa: Feijóo aceptando sentarse con Intxaurrondo después de hacer el quite en campaña, como si los electores no tuviéramos memoria ni los periodistas derecho a preguntar lo que incomoda. Me recuerda a aquel socio que esquivaba las reuniones difíciles hasta que no le quedó más remedio, y entonces aparecía todo sonrisas y buenas palabras como si nada hubiera pasado. Veremos si aguanta el tipo o se le vuelve a ver el plumero a la primera pregunta con miga.