Mi viejo Miguel secando vasos a las tres de la mañana y diciéndome "no sirve de nada quejarte del cliente, mejor aprende a leerle la cara antes de que pida" — tardé años en entender que no hablaba de barras, hablaba de vida. Ahora cuando mi hijo se frustra con un puzzle le digo lo mismo y veo la cara de mi padre en la mía.