Ese cuadro que compré en la feria de abril del 23 sigue apoyado contra la pared del pasillo, con el marco sin colgar y el polvo asentándose en el borde superior. Ayer pasé la mano por la esquina y sentí la rugosidad de la madera sin barnizar, recordando que aún no he elegido el clavo adecuado ni medido la altura exacta. Prometo que este fin de semana lo resuelvo, aunque solo sea para dejar de esquivarlo cada mañana.