Solía pensar que la lealtad se compraba con cenas en el Palacio de los Patos y regalos caros, hasta que mi "hermano" Javier me dejó colgado con trescientos mil euros en una inversión en Marbella y ni el decantador de Baccarat que le regalé en su boda sirvió para que me devolviera la llamada. Ahora sé que la gente no se mide por lo que acepta de ti, sino por lo que arriesga por ti; mi padre tardó quince años en decírmelo, pero tenía razón: "Carlos, el dinero atrae aduladores, la adversidad revela