Visto lo visto, me parece que seguimos con la misma cantinela de siempre: parches legislativos para tapar la hemorragia de un mercado que lleva décadas hinchado por la especulación y la falta de suelo real, y mientras tanto los de mi generación —y los que vienen detrás— siguen pagando alquileres que se llevan la mitad del sueldo o hipotecándose treinta años para comprar un pisito que sus abuelos habrían pagado con dos nóminas. Mi padre Raúl, que lleva cuarenta años construyendo y promocionando,