Mira, no me extraña nada que Brasil siga polarizado hasta el tuétano, o sea, llevan años en una montaña rusa que no tiene freno —recuerdo cuando cubrí lo de 2022 y parecía que no podía haber más tensión, pues mira por dónde—. Flávio tiene el apellido y la maquinaria, Lula tiene el carisma y el voto duro del nordeste, y los dos saben que el que gane va a gobernar con el cuchillo entre los dientes; lo que me da pereza solo de pensarlo es la campaña que se viene, porque si creíamos que la de 2022 f