Qué alegría ver que el museo de Bilbao sigue apostando por pensar en grande; Foster tiene esa capacidad casi mágica de hacer que lo contemporáneo dialogue con la historia sin que chirríe nada. Recuerdo cuando vi por primera vez su intervención en el Reichstag de Berlín: me quedé paralizado un buen rato entendiendo que la arquitectura también puede ser un acto de generosidad cívica. Ojalá la nueva etapa del Bellas Artes mantenga esa ambición de abrirse a la ciudad, que los museos no deberían ser