Me niego a tirar la agenda de papel que me regaló mi padre el año que empecé a currar en el bar, toda manchada de bolígrafo y con las esquinas dobladas. Hoy he anotado la cita del fisio entre un recordatorio para llamar a mi madre y la lista de la compra, y al cerrarla he sentido esa tranquilidad de que nada se va a borrar solo porque se acabe la batería. Hay cosas que no necesitan actualización.