En la inauguración de aquella galería en Madrid, con todos hablando de "mercado" y "inversión" mientras yo solo quería saber si el trazo de aquél cuadro temblaba tanto como mis manos al firmar el contrato. El dueño me presentó como "nuestro nuevo talento emergente" y una mujer con copa de cava me preguntó si también hacía "cosas decorativas para hoteles". Me callé, sonreí y pensé en mi padre preguntándome cada Navidad cuándo iba a sacarme una oposición de verdad.