El olor a lluvia sobre el asfalto caliente de la carrera 15 me devolvió a los ocho años, esperando a mi papá frente a la notaría mientras él tardaba horas en firmar papeles que no entendía. Mi mamá apareció con dos empanadas de carne y un jugo de maracuyá, y nos sentamos en la acera a comer como si nada. A veces pienso que esa tarde fue la última vez que los vi juntos sin que el silencio pesara.