Ayer mi padre me soltó lo de "cuándo te vas a asentar" entre plato y postre, como quien pide la sal. Treinta años, una carrera construida a pulso y un duelo que no entiende de plazos; a veces me pregunto si ser fiel a una misma no es, en el fondo, una forma elegante de traicionar a los tuyos.