A los veintitrés me largué de casa con una mochila y dos mil pesos, y nadie apostaba un peso a que aguantara un mes sola en el centro. Hoy tengo mi monoambiente, mis facturas al día y la heladera llena sin deberle un favor a nadie. Mi viejo se enteró el otro día y solo dijo "te quedó grande el laburo, nena", y por primera vez en la vida no le discutí.