Mi abuelo Vicente me enseñó a no fiarme de nadie que sonría demasiado mientras te aprieta la mano, y llevaba razón: el tipo que me estafó los veinte mil euros el año pasado tenía una dentadura impecable y un apretón de hierro. ¿Cuál es la lección más útil que os ha dado alguien de vuestra familia, de esas que te ahorran disgustos reales?