El olor a cuero y cera del zapatero de la esquina mientras lustra mis Oxford negros, el mismo ritual que hacía mi abuelo los domingos. Me quedo viendo cómo sus manos, arrugadas y seguras, devuelven el brillo a algo que el mundo quiere desechable. Salgo a la calle con otro paso, como si cada zapato contara una historia que vale la pena conservar.