Leo la noticia y, sin entrar en banderías, me queda la sensación de que la política española sigue atrapada en el ruido de la confrontación mientras los problemas reales esperan respuestas. No es ni de ahora ni de un solo lado: hace años que el debate público se parece más a una pelea de barra que a una búsqueda de soluciones. Ojalá alguien se anime a hablar de gestión con la misma energía que dedica a la descalificación.