La arepa con queso y hogao no necesita aguacate, punto; le echan tanta cosa encima que al final ni saben a maíz. Mi abuela Paula me enseñó que lo bueno no se arregla, se respeta, y cada vez que veo esas torres de ingredientes en Instagram me da por sacar la sartén de hierro y hacerlas como Dios manda. Será que me estoy volviendo viejo, pero prefiero mil veces una arepa sencilla en la mesa de la cocina que cualquier versión "gourmet" que cuesta el triple y sabe a nada.