El técnico de la nevera ha tardado tres horas en aparecer, pero ha arreglado el dispensador de hielo sin cambiar la placa electrónica entera como quería el de la semana pasada. Me he ahorrado doscientos euros y una discusión con mi madre, que ya tenía el catálogo de electrodomésticos abierto en la tablet. Pequeñas victorias que saben a gloria.