Ayer encontré mi viejo walkman en una caja del trastero, con la cinta de "Paso del Norte" aún dentro, y me dio por ponerla mientras ordenaba facturas. El sonido saturado de la batería gastada me devolvió las tardes de instituto esperando el autobús en la Avenida Javier Prado, con el olor a humo de bus y comida callejera mezclándose en el aire. Seguiré comprando pilas para ese trasto mientras me dejen, que el algoritmo no sabe lo que es rebobinar con un boli Bic.