Confiar en la palabra de un socio sin ponerlo por escrito me costó cuarenta mil euros y seis meses de juzgados, y aún tengo el correo donde me juraba por su madre que «no hacía falta formalizar nada». Desde entonces, mi abogado cobra más que mi contable y duermo tranquilo, que ya bastante tengo con la cabeza de mi padre llamándome cada domingo para recordarme cómo llevar «su» empresa. 🤷♂️