Que el cliente «solo quiere mover esta pared un metro» es código universal para «voy a cambiar la distribución entera tres veces antes del viernes»; lo aprendí en la obra de la calle Betis cuando el aparejador me miró con lástima y me pasó el plano estructural. Desde entonces, mi primera reunión incluye café, croquis y la frase mágica: «esto cuesta doble si lo decidimos después de hormigonar».