Ayer pasé por la librería de la calle Montcada y volví a ver *La sombra del viento* en el escaparate; compré la primera edición con veintitrés años, creyendo que era solo una novela gótica, y la releí el invierno pasado entendiendo que en realidad habla de cómo los muertos nos escriben la vida sin pedir permiso. A veces pienso que Julián Carax y yo tenemos el mismo oficio: guardar lo que otros quieren olvidar. 📖