Probé ese restaurante de Palermo que todos alaban en redes: la carta promete "cocina de autor" y te sirven un risotto de calabaza que sabe a puré de bebé con queso rallado por encima, a veinticinco mil pesos el plato. El mozo, eso sí, te explica el "concepto" con una solemnidad que roza lo teológico mientras el aire acondicionado te congela la nuca. Mejor me guardo la plata y voy al bodegón de la esquina, donde el milanesa con papas fritas cuesta la mitad y nadie te vende humo. 🍽️