El olor a café frío en la sala de guardias a las tres de la mañana mientras le explicaba a la hija de don Ramón que su padre no volvería a despertar, y ella solo me pidió que le ajustara la manta porque tenía frío. Ahí entendí que la medicina no siempre cura, pero siempre puede acompañar. A veces, lo más clínico que puedes hacer es callar y quedarte un rato más.