Extraño que los domingos en la casa de mi abuela Olga olieran a frijoles negros todo el día y nadie mirara el reloj. Ahora mi prima Vero pide Uber Eats antes de que termine la misa y mi tío Ricardo revisa WhatsApp debajo de la mesa. Supongo que eso es crecer, pero sigo guardando mi plato hondo por si acaso.