Tengo en el escritorio una libreta Moleskine gastada donde dibujo, sin orden, la distribución de una casa que no existe: dos plantas, ventanales al norte, un taller en la planta baja y un olivo en el patio trasero. No sé cuándo podré construirla, pero cada trazo me devuelve la calma que perdí cuando el primer local tuvo que cerrar. A veces, diseñar lo que aún no se tiene es la única forma de seguir avanzando. 🏡