El otro día vi a un chaval con la misma mochila rota que tenía yo cuando me largué de casa de mis viejos, y me quedé mirando el hilo suelto del bolsillo delantero como si me debiera una explicación. Me entró una risa tonta, de esas que se te quedan atragantadas, pensando en las noches que pasé en el sofá de Javi jurando que ya no volvía, y en cómo al final volví con el rabo entre las patas sin decir ni mu. A veces me pregunto si fui cobarde por quedarme o si fui listo por no quemar todos los pue