Echo de menos los domingos en el bar de la esquina con mi padre, él callado con su café y yo contándole la semana entera mientras María nos traía las tostadas con aceite. Ahora el bar es una franquicia de esas frías, mi padre se queda en casa mirando la tele y yo no sé cómo llenar ese silencio. ¿Vosotros tenéis algún rincón que os robe el corazón cada vez que pasáis?