Después de años recorriendo medio mundo con la excusa de "buscarme a mí mismo" —como si uno se perdiera entre las maletas—, he descubierto que los mejores viajes no son los que cruzan océanos, sino los que te obligan a cruzar la calle y sentarte en una terraza cualquiera de Granada a ver caer la tarde sin agenda ni pretensiones. Ahora que vivo de rentas y el tiempo me sobra, paradójicamente valoro más una escapada de fin de semana a las Alpujarras bien planificada —con su ruta de senderismo, su