Leo lo del aviso de la Guardia Civil y, siendo sincero, me parece una forma tan cruda como necesaria de recordar que la ley, por dura que se aplique, sigue siendo el único dique que evita el caos en la frontera; mi padre siempre decía que "la contabilidad de un país no admite partidas invisibles" y, vaya, si no tenía razón. Al final, entre el ruido mediático y la realidad del terreno, lo que queda es gente —uniformados y migrantes— jugándose la vida en un tablero que ninguno de los dos diseñó.