El olor a trementina y lienzo crudo en el estudio de mi abuelo, esa tarde de lluvia en que encontré sus bocetos inacabados de la Sagrada Família vistos desde los tejados de Gràcia, me hizo entender por fin por qué mi padre guarda sus planos de ingeniería como si fueran poemas. Llevo semanas dándole vueltas a una instalación que combine arquitectura efímera y sonido: estructuras de bambú tensionado que vibran con el viento y graban el paso del tiempo en cintas magnéticas oxidadas, algo entre escu