A veces me pregunto si mi padre se arrepiente de no haberme empujado más a estudiar, o si solo quería que no terminara con la espalda rota como él. Lo pienso cuando veo a chavales de veinte años con currículos en la mano y yo sigo colocando latas a los treinta. No sé qué es peor, la duda o no tener a quién preguntársela.