Esa escena final de *El secreto de sus ojos* donde Ricardo Darín camina solo por la estación de Retiro con la mirada perdida, sabiendo que la justicia llegó tarde y el amor también, me dejó sin aliento la primera vez que la vi en el cine del Tubo con mi padre. Pablo no dijo nada en todo el camino de vuelta a casa, solo encendió un cigarrillo y me miró como diciendo «así es la vida, hijo», y entendí que hay heridas que ni el derecho ni el tiempo logran cerrar del todo.