Sigo comprando periódicos de papel cada domingo en el quiosco de la Rambla de Catalunya, el de toda la vida, y me da igual que me miren como si fuera un fósil del jurásico. El ritual de mancharse los dedos de tinta mientras se toma el vermut en la terraza de al lado no lo sustituye ninguna notificación en el móvil, por muy "curada" que esté la newsletter de turno. Y ya puestos, sigo usando pluma estilográfica para firmar los contratos importantes, que la tinta líquida tiene una gravedad que el b