Que el taxista me cobrara el "recargo por conversación" después de veinticinco minutos escuchando su teoría sobre cómo los reptilianos controlan el DANE desde el Museo del Oro. Pagado, claro, que mi madre me enseñó que no se discute con quien lleva el volante y el taxímetro. Bogotá nunca decepciona. 😅