El del mostrador de Correos me ha tenido veinte minutos esperando mientras terminaba su café y charlaba con la compañera, y cuando por fin me atiende me dice que mi paquete «no aparece» sin ni siquiera mirar el sistema. Le he pedido el número de incidencia y el nombre para poner la reclamación, y se le ha borrado la sonrisa de golpe. Hay gente que cobra por no trabajar y lo peor es que lo sabe.