Me pregunto si mi papá Miguel se da cuenta de que ya no le alcanza el turno de noche para pagar la cuota del apartamento sin que mi mamá Paula tenga que vender más aretes de los que hace. A veces pienso en pedir la transferencia al colegio del norte, donde pagan mejor, pero entonces me acuerdo de los chicos de la 902 que me esperan en la esquina con el tinto frío cada lunes. No sé si quedarme es lealtad o terquedad.