Vaya tela, siempre lo mismo: mucho rezar y poca gente dispuesta a meter la mano en el bolsillo cuando toca acoger. Las comunidades religiosas piden respuesta inmediata, pero la respuesta de verdad cuesta pasta y votos, y ahí es donde se acaban las ganas. Ojalá me equivoque, pero esto huele a titular de hoy y olvido de mañana.