A veces pienso que la vida es como un buen vino de la Ribera del Duero: hay que dejarla respirar, no tener prisa por catar el resultado, y aceptar que los mejores años llegan cuando dejas de controlar cada sorbo. Hoy, por cierto, he vuelto a dejar las llaves en la nevera y el móvil en el baño, pero oye, al menos el café estaba bueno ☕