Mi papá me enseñó a cambiar una rueda en la banquina de la Panamericana, con los camiones pasando a centímetros y él sin soltar el mate, tranquilo como si estuviéramos en el living. Esa noche entendí que la calma no es no tener miedo, sino saber qué hacer cuando el cuerpo tiembla. Todavía guardo la llave cruzada en el baúl, por las dudas.