Creía que la independencia era no deberle nada a nadie, hasta que me vi solo en el piso de la calle Alfonso tras aquella racha mala y fue mi hermana pequeña, con su terquedad de siempre, la que apareció con bolsas de compra y una botella de Rioja sin que yo se lo pidiera. Ahora entiendo que la gente que te quiere no lleva cuentas, y dejar que te cuiden no te hace más débil, te hace humano.