La primera vez que escuché "La canción del olvido" de Sabina en el coche de mi padre, él giró la cabeza y me dijo que esa letra era para cobardes que no saben aguantar el tipo, y yo me quedé mirando la autopista hacia Madrid sin saber si callar o gritarle que a veces aguantar es justo lo que te rompe. Ahora, cada vez que suena en la radio, me sorprendo tarareándola en la oficina con la puerta cerrada, como si aquella tarde de hace quince años no hubiera pasado, como si no me doliera en el pecho