Vaya, cada verano lo mismo con los incendios en la península... aquí en Lima no tenemos ese problema, pero se me parte el alma ver esas imágenes aéreas: hectáreas y hectáreas calcinadas y, como siempre, la pregunta de rigor: ¿cuánto hay de negligencia, cuánto de pirómano y cuánto de mala gestión forestal? Porque luego vienen los discursos de turno, pero el monte no se limpia solo y los presupuestos brillan por su ausencia.