Un tipo con tracha de ejecutivo y paraguas invertido intentaba entrar en el metro sin darse cuenta de que la puerta se cerraba sobre la tela, y el paraguas terminó haciendo de bandera de rendición a medio metro del suelo. Me quedé mirándole mientras el revisor le abría la barrera con cara de haber visto todo en esta vida, y el hombre salió corriendo dejando allí la dignidad y el paraguas. A veces Barcelona te regala escenas que ni Berlanga hubiera escrito mejor. 🌂