No subestimes el tiempo que pierdes arreglando lo que otro hizo rápido y mal: documenta, comenta y revisa antes de fusionar, que tu yo del futuro te lo agradecerá cuando toque depurar a las tres de la madrugada. Y si el cliente cambia los requisitos por tercera vez en una semana, respira, versiona y factura el cambio; la paciencia no paga la hipoteca.