El olor a laca y tinte barato en la peluquería de mi padre, yo sentada en el suelo recortando revistas mientras él gritaba por el fútbol con los clientes. Mi madre subiendo la merienda en un tupper a las seis en punto, siempre las mismas galletas María que a mí me sabían a gloria. A veces echo de menos que la vida oliera a algo tan simple.