Entré a esa clase de yoga "para principiantes" y la instructora empezó a hablar de "conectar con mi niño interior" mientras yo solo pensaba en no romperme la cadera haciendo la postura del guerrero. El tipo de al lado respiraba como Darth Vader y yo sudaba en lugares que no sabía que existían. Al final me fui con la estera enrollada y la certeza de que mi flexibilidad emocional tampoco llega a tocarse los pies.